Benamargosa: Ribera tropical

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En el corazón de la conocida como Ruta del Aguacate brilla con luz propia la villa de Benamargosa. Este pueblo axárquico ha estado siempre volcado en la fertilidad de sus tierras. Eso sí, donde hoy se pueden ver miles de aguacates antes era el campo de cultivo de viñas, olivos, higos, hortalizas y limones. De todos esos productos, todavía hoy se conservan algunos paseros y muchos limonares. Sin embargo, la gran industria del pueblo está en la producción de subtropicales, como el citado aguacate, las chirimoyas o el mango. Por todo ello, el pueblo se ha ganado a pulso el lema turístico de la ‘Ribera Tropical’, del que hoy presume dentro y fuera de la provincia.

Su paisaje, por tanto, responde a esa amplia variedad de cultivos agrícolas. Así se puede disfrutar en cualquier recorrido por el pueblo, en el que nunca hay que perder de vista el cauce del río Benamargosa. De una forma mucho más concreta, se puede conocer a pie toda esa diversidad de huertas y frutales con la ruta de senderismo del Tinao, que parte del propio casco urbano. Se trata de un itinerario semicircular que llega hasta el Cerro Agudo, donde el territorio benamargoseño confluye con los territorios de La Viñuela y Vélez-Málaga.

Además, en el propio pueblo quedan todavía muchos símbolos que lo relacionan con la agricultura de ayer y de hoy, como el Arco de la Huerta, que se conserva en uno de los rincones del pueblo. Esta infraestructura era fundamental para el abastecimiento de agua en las zonas de regadío. Hoy es uno de los símbolos agrícolas de Benamargosa.

También hay que destacar su Puente de los Diez Ojos, una infraestructura básica para poder cruzar el río Benamargosa con sus habituales crecidas. Gracias a esta obra, los agricultores podían acudir a las zonas de cultivo. Hoy este puente, que es todo un emblema de la localidad, tiene su propia réplica en la entrada del casco urbano.

En el casco urbano también merece la pena ver su iglesia, la parroquia de la Encarnación, levantada originalmente en el siglo XVI, y las ermitas de San Sebastián y del Cementerio. La primera es una parroquia con tres naves y una torre adosada que debe más su aspecto a las remodelaciones que se hicieron en el siglo XVIII. Pese a ello, puede ser que se levantara en su día sobre la anterior mezquita de la alquería árabe.

Dentro del pueblo también hay que buscar el tipismo propio de los pueblos de raíces andalusíes de la Axarquía en sus barrios más antiguos, como son los de la Solana y los Pechuelos. Allí aguardan sinuosos recorridos urbanos por calles y escaleras donde el blanco de la cal contrasta con el colorido de las macetas.

Benamargosa es un pueblo también con una singular historia reciente. De hecho, muchos habitantes cuentas como a la localidad se la conocía hace hasta mediados del siglo pasado como ‘Gibraltar el chico’, debido a que era un lugar frecuentado por contrabandistas tanto de tabaco como de textil.  Es más, hoy todavía hay quienes se refiere a los benamargoseños –o margoseños- como ‘mangurrinos’, que podría venir de mangón, un término con el que se alude también al tráfico ilegal de enseres y productos.

Calles de casas blancas y ornamentadas.

En cualquier caso, hoy, Benamargosa es un pueblo próspero, volcado tanto en el turismo como en el sector agrario, que es reconocido dentro y fuera de las fronteras andaluzas, gracias a esa amplia variedad de productos subtropicales y tradicionales que salen de allí.

Para entender esa simbiosis entre lo de antes y lo de hoy, basta conocer algunas perlas de su recetario tradicional. Ahí brillan platos tan singulares como el zoque o gazpacho de limón, elaborado con dicho cítrico de la variedad conocida popularmente como ‘pera’, aceite de oliva virgen extra y distintas especias. También es muy típica de este pueblo la conocida como ensalada cateta, que tiene, como ingredientes, patata, tomate, pimiento, naranaja, cebolla, aceitunas, bacalao, huevo y, por supuesto, aceite de oliva virgen extra. En contraposición con estas dos recetas, en Benamargosa presumen del Batycate o Baticate, un batido elaborado a base de leche, canela, azúcar y aguacate.

ǀ CÓMO LLEGAR ǀ

Para acceder a este pueblo malagueño lo más recomendable es usar la Autovía del Mediterráneo hasta la salida de Vélez. Desde allí, sin necesidad de entrar en el casco urbano de la capital axárquica, habrá que tomar la A-356 en sentido Alhama de Granada y La Viñuela hasta llegar al conocido como el cruce del Trapiche (una aldea de Vélez-Málaga). Desde este punto parte la carretera local MA-3113, que tras pasar por Triana (otra pedanía veleña) llega hasta Benamargosa. Desde el interior también se puede acceder a la localidad desde pueblos como Cútar (Ruta de la Pasa), Comares o Riogordo.

ǀ DÓNDE COMER ǀ

En los bares y restaurantes del pueblo es fácil encontrar algunos de los platos típicos de la localidad, aunque para ello tiene que ser la temporada idónea. Así la ensalada cateta se puede probar en establecimientos como Casa Carmen, un hostal con servicio de restaurante que está en una de las entradas del pueblo. Otros establecimientos recomendables en la localidad son Gibraltar El Chico, El Celaor, Restaurante Río, Bar Andalucía o Bar Ramón, entre otros.

ǀ DÓNDE DORMIR ǀ

Además del mencionado hostal Casa Carmen, existe la posibilidad de alojarse en casas rurales y disfrutar del entorno subtropical del pueblo. Entre estos alojamientos, uno de los más recomendables es el Viñedo de Arturo, situado en el paraje de Panduro.