El guisante, un producto “todoterreno” en cocina

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Es una muy buena fuente de minerales como el potasio, el fósforo y magnesio, entre otros.

En la cocina siempre buscamos la innovación a muchos y muy diferentes niveles. Buscamos mezclar sabores exóticos, encontrar nuevas sensaciones únicas e inventar nuevos platos estrella con productos casi impronunciables. Pero, ¿qué pasa con los alimentos más comunes y prácticos? Están ahí, a simple vista, y a veces los pasamos por alto. Simplemente hace falta entenderlos y saber cómo utilizarlos. Uno de ellos llega con un nombre muy común: el guisante.

Perteneciente a la familia de las leguminosas, el guisante es la semilla procedente de una planta herbácea conocida como Pisum sativum, y es originario de Oriente Medio.  La parte comestible reside en el interior de las propias semillas alargadas, donde encontramos, a su vez, otras semillas esféricas de menor tamaño. Estas pueden comerse de formas muy diferentes, como por ejemplo secas, en conserva, congeladas o verdes, directamente.

El principal beneficio alimenticio que posee el guisante es su alto nivel de proteína vegetal, realmente necesaria en nuestra dieta diaria. El nivel de hidratos de carbono es muy bajo en este producto, y la grasa es prácticamente nula, convirtiéndolo en una legumbre prácticamente libre de excesos. De hecho, gracias a estas características, el guisante es bueno para la circulación, ayuda a prevenir dolencias cardíacas, mejora nuestro sistema nervioso y regenera tejidos de nuestro organismo.

Además, esta legumbre es una muy buena fuente de minerales como el potasio, el fósforo, magnesio, calcio, sodio, hierro, zinc y selenio. Y, por supuesto, destaca su alto contenido en vitamina C, niacina o B3, folato o B9, tiamina o B1, piridoxina o B6 y vitamina A. El guisante es ese “todoterreno” que todos necesitamos. 

Para su cultivo, hay que tener en cuenta varios factores en función del tipo de guisante que queramos cultivar. Entre estos factores encontramos: la precocidad, dando lugar a  guisantes tempranos, medios o tardíos; la forma de la semilla en la madurez, dando origen a una legumbre lisa o arrugada; el color de la semilla madura, iluminando el producto con colores amarillo, verde o blanco; el tamaño de la planta, siendo de mata baja, de semienrame o enrame; y su utilización, pudiendo darse para consumo en vaina o en grano.

Por otra parte, hay que tener muy en cuenta las condiciones medioambientales, sabiendo que el guisante gusta de climas frescos y no excesivamente lluviosos. Sin embargo, esta legumbre tiene una resistencia sublime a las heladas, llegando a resistir temperaturas de hasta -2 °C. La temperatura óptima para un cultivo sano y sin sorpresas será aquella entre los 16 °C y 20 °C. En cuanto a la tierra, esta debe ser trabajada en profundidad, buscando siempre la frescura de la misma, manteniéndolas bien aireadas y mullidas.

En un aspecto íntegramente culinario, los guisantes admiten un sin fin de usos en cocina. Es cierto que en ocaciones pueda parecer que se agregan a ciertos platos sin ningún tipo de criterio pero, ¿no es la estética tan válida como cualquiera otra finalidad?  Esta legumbre aporta un colorido poco común. Sin embargo, y entrando de lleno en el acto de cocinar, son numerosas las recetas que pueden prepararse con ellos. Por ejemplo, uno de los platos más famosos elaborados con esta legumbre, al menos en España, no es otro que los guisantes con jamón.

A veces, la innovación en cocina, la creación de platos con estéticas y sabores de ensueño, encuentran su inspiración en los productos más comunes.