Entrevista con Luis Soler, propietario de Vinos y Mariscos Casa Soler

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“El secreto de Casa Soler es comprar el marisco a diario y que sea de calidad”

Hay negocios que tienen un sello especial. Una forma de ver la restauración que ya se ha perdido, muy cercana, casi familiar. Y todo ello acompañado de una materia prima de una calidad, en este caso, sobresaliente. Casa Soler, en el Paseo Los Tilos de Málaga capital, es una de esos establecimientos, con aire de taberna tradicional, que aún perviven. El local, que regentan Luis Soler y María José De la Rubia, se mantiene como un templo consagrado al mejor marisco. Pese al discurrir de los años, se ha mantenido incólume, capeando temporales de moda y tendencias pasajeras. Luis es un apasionado de su trabajo y nos lo transmite mientras conversamos.

Un poco de historia de Casa Soler, ¿un histórico de los Tilos?

Lo llevamos mi mujer, María José De la Rubia, y yo. A primeros de 2019, cumpliremos 39 años, que se dice pronto. Por el estilo y el mobiliario, es una tabernita clásica de las que ya quedan muy pocas. Le cuento un poco la historia de esta casa.

Manuel Soler López, mi padre, trabajaba para la bodega Casa Flores, mítica en Málaga. Igual que La Campana, se dedicó a montar bodegas, llegando a tener una treintena de locales. Trabajaba como encargado. Primero en las tabernas de Trinidad Grund, Calle Ancha y, finalmente, en el Paseo de los Tilos donde recaló para inaugurar un nuevo establecimiento. Estuvo muchos años al frente. Sin embargo, los tiempos cambian y las ventas de vino fueron disminuyendo en favor de la cerveza y otros hábitos. Como consecuencia, la bodega fue desprendiéndose de los locales y se centró en la construcción que, por entonces, daba más dinero. Con estas perspectivas, mi padre opta por quedarse con el negocio cuando yo tenía 16 años. Él es el verdadero fundador de Casa Soler. En 1980, firmé el subarrendamiento del local, una figura que ya no existe, y me quedé yo. A raíz de ahí, cambiamos el nombre y lo bautizamos como Casa Soler. Y hasta ahora.

El local original estaba muy cerca, en el lugar que ocupa actualmente una heladería cercana. Ahí estuvimos unos diez años. El inmueble era muy viejo y finalmente fue declarado en ruinas. Por entonces, teníamos un almacén aledaño. La mudanza al nuevo local se produjo tras las inundaciones de 1989 que remataron el edificio tras provocar el derrumbe de la cubierta.

¿Qué hace de especial Casa Flores?, ¿qué tiene de singular?

Para empezar, no nos dedicamos al pescaíto frito. De ahí la denominación de Casa Soler: ‘Vinos y Mariscos’. Tenemos unas botas de vino donde puedes tomar los clásicos de Málaga. El Pajarete, el Pedro Ximénez, el Lágrima, también Vermouth, etc, además de los habituales blancos. Pero nuestra oferta es, exclusivamente, mariscos. Vendo el camaroncito, la pata de cangrejo, las navajas, la cigala, la gamba, la peregrina, el cangrejo, las bocas de mar, las conchas finas, la cañailla, el gúsaro, o la zamburiña. Con el tiempo, he ido metiendo otros platos como las almejas salteadas, gambones a la plancha, gambas frescas a la plancha, o las gambas al pil-pil que, precisamente, se venden muchísimo. Todo lo que imagines en marisco. Y así llevamos la friolera de 40 años. No hemos cambiado nada; seguimos igual.

¿A qué atribuye el éxito de su negocio y mantenerse tantos años?

Según mis propios clientes, que también visitan otras zonas y locales, la diferencia está en la calidad del producto. La costumbre, que me enseñó mi padre y que he mantenido fiel, es comprar el marisco a diario. Eso de adquirir grandes cantidades y tenerlas almacenadas 5 ó 6 días, no va conmigo. Ponemos cada día una vitrina, con todo el producto fresco, que vamos reponiendo. Todo a diario, nada más. Y buscando, lógicamente, una calidad. No soy quién para hablar de las virtudes de mi local aunque vienen clientes de la cuarta generación de muchas familias. Un negocio con 40 años, ¿y que permanezca abierto hoy día?, algo debe tener, ¿no cree?.

Luis Soler en los años 80.

¿Cómo buen ojeador se surte de buenos proveedores?

Es cierto. Antiguamente, íbamos a la lonja. Después de tantos años, compro a un pequeño grupo proveedores de confianza, a los que conozco bien, y que saben lo que quiero. Por la tarde, cuando termina la jornada reviso lo que me hace falta y pido lo que necesito para el día siguiente.

Vuestra apuesta por los productos malagueños es innegable, ¿no es cierto?

Apostamos por los productos malagueños siempre. Somos fieles. La patata que gastamos, por ejemplo, es de Paco José, de aquí de Málaga. No le digo más.

Una empresa netamente familiar comprometida con el negocio…

Una empresa familiar de toda la vida, que pone mucho cariño en todo lo que hace, incluido el servicio. He mamado este negocio desde pequeño. De hecho, no he trabajado en otro sitio, y ya voy para 60 años. Es una cosa que me duele. He visto tantas cosas y tantos negocios que han cerrado. Le tengo un gran cariño a Casa Soler. Y creo que ahí está la diferencia entre estar o no comprometido con tu proyecto.

Casa Soler forma parte de usted… por lo que dice

¡Qué pregunta!. Casa Soler soy yo por entero. Es mi vida. Paso más tiempo aquí que en mi propia casa. El día que lo deje porque me jubile pues, sinceramente, no sé. Fíjese, mi padre cuando se jubiló lo pasó mal. Incluso, venía casi todos los días. Llega un momento en que los clientes dejan de serlo y acaban convirtiéndose en familia.

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Juan Alberto Gómez
Redactor todoterreno con más de 15 años de experiencia, en el mundo de la gastronomía, el turismo y la economía. Explorador incansable de los sabores, las cocinas del mundo y los nuevos hallazgos culinarios. Siente pasión por todo lo que rodea al mundo del vino y la enología. También de los productos de temporada y kilómetro 0, lo que viene en denominarse ‘slow food’. Hace suyas unas palabras de Cicerón: “el placer de los banquetes debe medirse no por la abundancia de los manjares, sino por la reunión de los amigos y por su conversación”.