Frutos secos: pequeñas perlas para la salud

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Los frutos secos son todo un tesoro. Durante mucho tiempo sus propiedades han pasado inadvertidas y han tenido un papel secundario, casi marginal, en nuestra dieta. Hay que reconocer que, en exceso, son calóricos. Por este motivo, son la mejor opción para llevarlos de senderismo o si practicamos alguna actividad deportiva. No necesitan frio, ni tupper y, además, pesan poco. Para quienes nos esforzamos en cumplir una dieta a rajatabla, representan una opción estupenda. Su principal virtud es que sacian bastante. Como consecuencia, nos evita los productos azucarados o las grasas inadecuadas. En general, mitigan la diabetes o las enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Son un buen antioxidante para el cáncer, tienen propiedades antiinflamatorias. Incluso son muy recomendables para las artritis.

Málaga es una interesante productora de almendras y castañas aunque también de nueces y pistachos. La orografía montañosa de la provincia propicia esta clase de cultivos más asociados a latitudes septentrionales.

La almendra es uno de los frutos secos más extendidos. La provincia concentra más de 16.000 hectáreas que arrojan una producción anual de 4.000 toneladas. Prácticamente, Málaga y Granada acaparan la producción en toda Andalucía. Las variedades cultivadas son la Largueta, la Comuna y la Marcona. Precisamente, ésta última es la de mayor calidad y la más utilizada en repostería. Está presente en mantecados, turrones y dulcería navideña. De hecho, constituye el fruto seco más exportado. Los principales destinos son Francia, Alemania, Reino Unido y Holanda.

La Castaña es otro de nuestras joyas. Las más de 3.500 hectáreas existentes, se distribuyen principalmente por la Serranía de Ronda y la Sierra de las Nieves. Y dentro de este marco geográfico, los quince municipios que forman parte del Valle del Genal, además de Yunquera, Istán y Ojén. La provincia concentra más de tres cuartas partes de la producción andaluza.  Su recolección es un asunto familiar pero también arduo. Durante el mes de octubre, todos arriman el hombro para hacerse con la castaña Pilonga, la más valorada de todas. No hay nada más otoñal que comerlas asadas. Existen recetas tradicionales como la Caldereta de Castañas, el Potaje de Castañas y Habichuelas, el Flan de Castaña o la Crema de Castañas. Sin embargo, su gran aportación es la facilidad para hacer de ella conservas. Y el mejor ejemplo es el Marrón Glacé.

Las nueces junto con los pistachos y las avellanas, son cultivos más minoritarios, sobre todo, por la gran importación. Sin embargo, están despegando gracias a los chefs y a las firmas agroalimentarias que buscan calidad y producto de cercanía. El Valle del Guadalhorce y, especialmente, Coín son la principal zona productora de nueces. La variedad más extendida es la ‘Pecana’, también denominada nuez americana. Se contabilizan más de 300 hectáreas con un volumen de 200.000 kilos. Se trata de un cultivo muy otoñal cuyos frutos se consumen, fundamentalmente, en Navidad. Su precio por kilo es elevado, tanto como la almendra. De hecho, oscila entre los cinco y ocho euros. Las nueces no contienen grasas. Son ricas en melatonina y selenio. Además, actúan como potentes antioxidantes y ayudan a prevenir el cáncer.

El pistacho está empezando a recuperarse después de que se abandonara tras la expulsión de los árabes. Este fruto seco necesita unas condiciones especiales de amplitud térmica (calor y río) que solo se producen en la zona de Ronda y Archidona. Constituye un cultivo rentable si se consigue alcanzar una producción razonable. Incluso triplica la del olivo.  La provincia cuenta con 265 hectáreas en producción que brindan unas 100 toneladas de pistachos. Existe más superficie pero se trata de árboles todavía muy jóvenes que aún no dan cosecha. Combate la anemia y el estrés, mejora nuestro aparato cardiovascular y regula el peso. Además, la harina de pistacho resulta muy saludable.

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Juan Alberto Gómez
Redactor todoterreno con más de 15 años de experiencia, en el mundo de la gastronomía, el turismo y la economía. Explorador incansable de los sabores, las cocinas del mundo y los nuevos hallazgos culinarios. Siente pasión por todo lo que rodea al mundo del vino y la enología. También de los productos de temporada y kilómetro 0, lo que viene en denominarse ‘slow food’. Hace suyas unas palabras de Cicerón: “el placer de los banquetes debe medirse no por la abundancia de los manjares, sino por la reunión de los amigos y por su conversación”.