La chirimoya, un “corazón” que endulza el otoño

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Con piel relativamente gruesa, de un color verdoso en su exterior y acompasada con su interna tez blanquecina, la chirimoya es un fruto de temporada que llega cada otoño para endulzar la melancolía de otro verano que se va. Ya solo su figura en forma de corazón hace que esta fruta llame la atención. Además, en las provincias de Granada y Málaga, la chirimoya tiene un peso importante en sus cultivos.

La zona de producción, acondicionamiento y envasado de las chirimoyas amparadas por la Denominación de Origen «Chirimoya de la Costa Tropical de Granada-Málaga», está constituida por una serie de terrenos localizados en la comarca natural del mismo nombre. Específicamente, esta denominación de origen cubre las localidades de Motril, Vélez de Benaudalla, Los Guájares, Molvízar, Salobreña, Itrabo, Otívar, Lentejí, Jete y Almuñécar, en Granada; y de Nerja, Frigiliana, Torrox, Algarrobo y Vélez-Málaga., en Málaga. 

La chirimoya cuenta con una gran cantidad de propiedades que son muy beneficiosas para nuestra dieta diaria. Además, su dulzor hace que este fruto sea uno de los más demandados durante el otoño y el invierno, temporadas de recolección y distribución de este producto. Su alto contenido en glucosa y fructosa, hace de este fruto una fuente de energía envidiable, aportando una media de 170 calorías en un fruto de pequeño tamaño. Además, contiene vitaminas del grupo B y de vitamina C, así como buenas cantidades de potasio, calcio y hierro.

Si nos adentramos en sus beneficios saludables directos para nuestro organismo, nos encontramos con un fruto que regula nuestra tensión arterial, gracias a ser considerada una rica fuente en potasio. Por otro lado, su contenido en magnesio y calcio consigue fortalecer huesos y músculos, siendo un gran alimento deportivo. Su cantidad de hierro combate la anemia, y además, mejora el proceso digestivo. Aunque uno de sus beneficios más potentes va para las futuras madres. En particular, para aquellas que coman chirimoya durante el embarazo, ya que contribuirá al desarrollo del bebé gracias a todos los nutrientes que contiene en su interior: grasas esenciales, fibra, carbohidratos, proteínas, minerales y vitaminas.

En cocina, este fruto en forma de corazón puede comerse y elaborarse de muchas formas diferentes. La mejor forma de comerla es partir la chirimoya por la mitad, retirar el pequeño tallo interior, y disfrutarla a cucharadas. Así se respetan todas sus vitaminas y minerales. Sin embargo, si eres un “cocinillas”, puedes elaborar una crema de chirimoya y utilizarla en diferentes recetas. Solo debes triturar su carne interior y mezclarla con limón para que no se oxide. De esta manera podrás utilizarla como base de una macedonia con otras frutas, mezclada con yogur y semillas trituradas o si creamos una gelatina puedes elaborar una tarta semifría.

A la hora de conservarla, cuidado. La chirimoya no soporta muy bien el frío por lo que no es nada recomendable dejarlas en el frigorífico. Necesitará una temperatura suave unos 10 ºC. Además, la maduración de esta fruto es muy rápida, tan solo un par de días, por lo que habrá que estar atento a la hora de comprarlas par que no se pasen.