La Milla Marbella: sabor, producto y felicidad

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Un cartel lo anuncia en la entrada: Happiness, Taste, Sensaciones, Mediterráneo… Y así es, porque si algo vamos a encontrar en La Milla es mucho sabor acompañado de sensaciones, felicidad y una buena dosis de Mediterráneo. La Milla es la aventura que hace tres años emprendieron César Morales y Luis Miguel Prieto, dos jóvenes con inquietudes que vieron en este trozo de Marbella su oportunidad para trabajar en su propio proyecto gastronómico. Ambos habían coincidido en el hotel Los Monteros en 2012. El primero como chef ejecutivo y el segundo como director de alimentos y bebidas. Allí se cruzaron sus caminos profesionales y tres años después, en abril de 2015, La Milla Gastro Beach abrió sus puertas para el deleite de todos los que amamos la buena mesa y el placer de comer, pues si hay algo que distingue a este establecimiento es el producto, el de verdad, el que no lleva máscaras, tratamientos ni aderezos innecesarios.

La Milla es un restaurante a pie de playa, con un servicio de sala muy cuidado y una propuesta gastronómica basada en los productos que nos da el mar Mediterráneo, a los que tratan con respeto y estilo propio. Pescados, mariscos, arroces y otros platos con toques gastronómicos son la propuesta de este establecimiento que se encuentra en plena Milla de Oro de Marbella.

Es un placer visitar este oasis frente al Mediterráneo y comprobar que, verdaderamente, siguen existiendo lugares como este, donde degustar un tataki de gamba roja sigue siendo una experiencia. En La Milla lo tienen como sugerencia del día. Un plato que representa al mar y la montaña, ya que el tartar va aliñado con sus propios jugos, caviar de caracol y la fritura de su cabeza. Un plato donde la manipulación del producto apenas existe porque de lo que se trata es de disfrutarlo en toda su esencia, que fue justo lo que pasó cuando lo llevamos a la boca.

Mención especial merece también su ceviche de pescado, elaborado con dorada, lubina y gamba de Málaga, que incorpora un hinojo encurtido y un gel de leche de tigre. Un plato de corte nikkei para los que gustan de comer sano en el que se distinguen varias texturas y, por supuesto, el sabor de todos los ingredientes, como marca la filosofía de la casa.

El tataki de atún rojo es otro plato interesante, con emulsión de wasabi, crumblé de tinta de calamar y chutney de frambuesa, con una marinada muy carta que se hace prácticamente al momento. Otra explosión de texturas en boca.

Calidad en cada plato.

Además, tienen una amplia carta con productos del mar, los “Clásicos La Milla”: cazuela de mejillones al vapor, salpicón de pulpo con tomate de Málaga y AOVE, almejas de la bahía al ajillo con vino de Jerez o anchoas “00” con mermelada de tomate, entre otros. Unos platos perfectos para combatir el calor del verano malagueño por su frescura y simplicidad que acompañan a gazpachos, tradicional, cordobés y ajoblanco; crudos, como el tiradito de atún; frituras tradicionales andaluzas de pescado elaboradas con aceite de oliva, como los boquerones, los calamares y hasta el bogavante; arroces, con media docena de variedades para elegir; pescados y mariscos, con cigalas, gambas, espetos de sardinas y otras variedades; y carnes en horno de brasa, desde solomillo de buey hasta picaña de ternera con chimichurri. Y todo esto se puede maridar con una excelente carta de vinos de 140 referencias, entre las que se encuentran desde espumosos, blancos, rosados y tintos hasta amontillados, finos y olorosos, por citar sólo algunos.

Para el postre, seguro que tardas bastante en decidirte, pues los tienes muy frescos, como el ceviche de fruta y sorbete de coco, de nuevo poca elaboración y mucho sabor… Y mucho más dulces, como las milhojas de nata y helado con leche merengada.

Una visita a La Milla invita a relajarse, a disfrutar de la gastronomía sin prisas y a hacer una buena sobremesa. Para ese momento también hay acompañamiento posible, pues disponen de un Gin Corner con las mejores ginebras premiums y una carta de cócteles, zumos naturales y smoothies de todas las variedades imaginables, lo que quiere decir que podrás divertir a tu paladar durante horas. Llegar para el aperitivo y quedarte a ver uno de los mejores atardeceres de la Costa del Sol… Porque si algo vas a encontrar en este restaurante es mucho sabor, mucho Mediterráneo y mucha felicidad… Ya nos lo avisaban en la entrada… Y lo cumplen a pies juntillas.