Liceo Playa, el producto trabajado desde la innovación y tradición

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Hay veces en la vida en la que uno no sabe muy bien qué es lo que quiere hacer. Sin embargo, si somos capaces de encontrar nuestro talento y lo aderezamos con pasión y alegría, es seguro que seremos capaces de dar el mil por mil de nosotros mismos, convirtiendo una parte inherente de nuestras vidas en una profesión que marque nuestro futuro.

Esto es más o menos lo que le pasó a Álvaro Saura, que en plena adolescencia tuvo sus primeros escar-ceos con la cocina sin saber que se dedicaría a ello de forma pro-fesional. De hecho, uno de sus primeros trabajos en la hostelería fue en Andorra como camarero, pero la cocina siempre acababa tirando sin que él pudiese resistirse. Y menos mal que no lo hizo.“Para que te guste cocinar, te tiene que gustar comer”. Y a él le gustaba desde niño, pero no fue hasta los 20 años cuando de verdad decidió que quería estudiar cocina. Su formación pasó por la Escuela Bellamar de Marbella. Después siguió aprendiendo y trabajando en hoteles de gran nivel, como el Kempinski 5 estrellas gran lujo de Estepona. Viajó y trabajó en el sector hotelero, asumiendo puestos de responsabilidad hasta recalar en Limonar 40 a las órdenes de Javier Hernández. Más tarde, sus inquietudes personales y profesionales le llevaron a abrir su propio negocio.

Era hora de gestionar sus ideas y su carta, y lo hizo con la puesta en marcha de Konarte, un restaurante que supuso toda una revolución en Rincón de la Victoria por su creatividad y la forma de trabajar el producto.Su evolución como cocinero y como empresario le ha llevado a que a día de hoy regente Liceo Playa, un chiringuito con una oferta diversificada en cuanto a cocina, donde la tradición y la innovación se dan la mano en cada plato dentro de un juego cons-tante de texturas y color desde 2009. Aquí un foie y unos boquerones entran de igual forma en la carta, y lo hacen acompañados de productos del mar, carnes, buenos arroces, guisos por encargo y otros platos más ligeros a los que hay que tener opción cuando se come junto al mar.Pero donde Álvaro se luce como cocinero y vuelca todo lo que lleva dentro es en las sugerencias del día.

Alta cocina a pie de playa donde la materia prima de calidad es siempre la protagonisya. Cada día ofrece más de una docena de platos con una idea clara: apostar por el producto con detalles que sorprendan al cliente, pero sin marginar la materia prima. Con esta filosofía ha conseguido que su oferta gastronómica se salga de lo que un chiringuito suele ofrecer en la costa malagueña.

De hecho, uno de los platos más originales de su carta es un gazpachuelo de espárragos verdes con mollejas de cordero y cocochas de bacalao. A la misma altura están sus chipirones rellenos de despojos con calabaza y una infusión de su cocción a la hierbabuena, el timbal de chivo malagueño sobre patata trufada o la ostra templada con gazpachuelo.En Liceo Playa es donde Álvaro Saura ha encontrado su felicidad como cocinero. Abren todos los días del año y el trato al cliente es muy cercano.

Es un lugar de encuentro en el que te puedes llegar a sentir como en casa cuando has estado más de dos veces. Y es que aquí se suele repetir la visita, no sólo por la comida, sino porque tienen actividades todo el año. En otoño e invierno se puede disfrutar cada viernes del Club de la Cuchara, un menú degustación de cinco platos con las bebidas incluidas en el que la cocina de Álvaro está perfectamente representada. También están muy presentes los arroces, tanto que el miércoles es el día sagrado de este plato.

Y por si fuera poco, los fines de semana hay conciertos en directo, que se suman en verano al servicio de hamacas y al alquiler de tablas de paddel surf. Además, tienen todos los recursos necesarios para celebrar cualquier evento privado. En definitiva, todo pensado para que Liceo Playa se haya convertido uno de los puntos de referencia del buen comer y el ocio en la costa malagueña