Los vinos DOP de Granada, un valor en alza

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Tomar un vino es una costumbre muy española y, bueno…también de muchos otros sitios del mundo. Porque tomarnos un vino con alguien es señal de felicidad. Las buenas noticias y las alegrías se celebran con una copa de vino en la mano, como dice la canción.

En los últimos años el panorama de los vinos granadinos ha cambiado radicalmente hacia una elaboración de vinos de calidad y de gran aceptación en el mercado. La adaptación a las nuevas técnicas de vinificación, la implantación de variedades nobles de uva y la recuperación de joyas autóctonas, como la Vijiriega, y el cuidado exquisito de las plantaciones de vid, han sido determinantes en ese avance.

También las peculiares características geográficas, con viñedos a gran altitud, sometidos a grandes contrastes climáticos y bendecidos por abundante sol. El resultado de esa combinación es la existencia de vinos de gran personalidad, elaborados con un mimo artesanal: vinos blancos, tintos y espumosos
de burbuja fina bajo la Denominación de Origen Protegida (DOP). No en vano, Granada cultiva 5.500 hectáreas de terreno de viñedos que producen entre 30 y 40 millones de kilos de uva al año.


En los últimos años, según los responsables de la DOP, se ha llevado a cabo un intenso trabajo para recuperar las joyas de la viticultura autóctona: Vijiriega, Moscatel y Pedro Ximénez, entre las blancas, o Tempranillo, Garnacha y Monastrell,
entre las tintas, que conviven en perfecta armonía con variedades internacionales como Sauvignon Blanc, Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, excepcionalmente aclimatadas.


Los vinos granadinos, de gran riqueza sápida, poseen una gran variedad de perfumes frutales y histórico-cultural de la provincia. La producción de uva ha estado ligada tradicionalmente a las zonas altas y medias de los sistemas montañosos de la provincia, lo cual provoca oscilaciones térmicas importantes y muy bajas temperaturas alargando y mejorando el proceso de maduración.

Además, la altura, el clima seco y el agua de Sierra Nevada producen un ambiente muy sano para el cultivo de la vid, favoreciendo la viticultura ecológica. La elaboración y almacenamiento se realiza en depósitos de acero inoxidable y barricas de roble francés, americano y/o centroeuropeo de entre 225 y 330 litros. Una particularidad destacable, que otorga gran parte de su carácter a los vinos de Calidad de Granada, es su fermentación en cuevas (aunque no en todos los casos), pues su interior garantiza un ambiente más natural y sano que los creados por climatizadores artificiales y una temperatura e iluminación constante inalterable.


La Asociación de Vitivinicultores del Altiplano de Sierra Nevada tiene además sus llamados ‘Vinos de altura’, una denominación que representa a unas 23 referencias de la zona. La altitud también favorece que la planta tenga una baja combustión de ácido tartárico, que se traduce en una acidez total de los vinos correcta, sin necesidad de adicionar este ácido. La altitud media de los viñedos granadinos se encuentra a unos 1.200 metros.


Otra característica de la zona son unos PH bajos, óptimos para vinos con crianza importante en botella, mientras que las precipitaciones medias anuales, con un promedio de 70 días lluviosos, también permiten obtener un vino de calidad.
Respecto al suelo de cultivo de los viñedos granadinos, suelen ser terrenos pobres en materia orgánica, fósforo y nitrógeno. Estas características son, en general, factores positivos para la obtención de caldos de calidad.


Los territorios adscritos a la Denominación de Origen Protegida (DOP) comprenden los 168 municipios de la provincia de Granada en su totalidad, coincidiendo con la demarcación provincial, reconociéndose la subzona especifica Contraviesa- Alpujarra integrada por los municipios Albondón, Albuñol, Almegíjar, Cádiar, Cástaras, Lobras,
Murtas, Polopos, Rubite, Sorvilán, Torvizcón, Turón y Ugíjar.