Naranjas del Guadalhorce: la joya cítrica de la provincia

1106

Dicen que en algún lugar existe nuestra media naranja, aquella parte que completa nuestra alma y que nos permite ser un todo armónico. Ese es mi propósito, y ¡a fe que voy a encontrarla! El problema es que no busco una naranja cualquiera sino especiales; ¡las mejores!. Arranco el coche, enciendo el gps y pongo rumbo al Valle del Guadalhorce, la principal huerta de Málaga. Estamos en pleno invierno, pero he tenido suerte y disfruto de un día despejado y soleado mientras zigzageo por este vergel.

La provincia de Málaga produce, en su conjunto, nada menos que 180.000 toneladas anuales de cítricos entre naranjas, limones y mandarinas y lidera el cultivo ecológico en toda la región. Mis indicaciones me llevan por una carretera comarcal hacia una de las tantas fincas que salpican estas feraces tierras. Aunque se cultivan prácticamente en cualquier población del valle, la mayor concentración se produce en el triángulo que forman las poblaciones de Pizarra, Cártama y Álora. Las fincas por estos lares no son extensas. Más bien predomina el minifundismo lo que, bien mirado, redunda en la calidad. Sin embargo, esta característica también pone en riesgo las explotaciones ya que muchos desisten de la explotación familiar. El valle tiene características geoclimáticas únicas que nos recuerda José Manuel Gallego, gerente de Grupo Gallego.

«El sol de aquí no lo hay en Valencia, ni siquiera en Cádiz y aporta al fruto un azúcar diferente, casi envidiable”. Y es cierto, pues los árboles destilan un perfume intenso donde se mezcla el azahar, la fruta y notas herbáceas. Málaga, en general, y el Guadalhorce, en particular, poseen una variedad muy generosa de cítricos. Los agricultores han logrado aclimatar veinte variedades que brindan un rango de cultivo que cubre prácticamente toda la temporada. Desde la mandarina Marisol, “la más temprana”, hasta llegar a la naranja navelate, “una de las más tardías”, nos explica a Agro Periódico Magazine, Margarita Jiménez Gómez, técnico de Agroindustria del Grupo de Desarrollo Rural Valle del Guadalhorce.

El principal impulso renovador se produce en estas tierras. Un espacio donde se ensayan nuevas variedades y frutos emergentes. Podemos identificar la naranja valenciana, la navelina, la newhall, Washington navel o la navelate. La primera es la más conocida, y extendida de nuestro país.  Es fácil identificarla si nos acercamos al árbol. Presenta una piel fina y al abrirla, su sabor es ácido. Es ideal para zumos por su alto contenido en agua al igual que la navelate. Por el contario, la navelina es algo más ovalada, y mucho más dulce. Es perfecta para los postres o bien para comerla a gajos. Aprovechamos nuestro paseo entre naranjos para cortar un fruto y comprobar su sabor. ¡Perfecto! Algún que otro agricultor nos advierte que aún subsisten variedades endémicas que apenas salen del valle. “Entre las casi perdidas, destaca la naranja grano de oro. Una variedad muy dulce que se vendía envuelta en papel blanco”, recuerda Jiménez Gomez. “Quedan algunas fincas pequeñas que todavía la cultivan. No es muy grande en tamaño, sin embargo, ofrece un sabor tan delicado que se reservaba a los niños y las personas mayores”. Tal es su calidad que el GDR del valle está trabajando para presentar su candidatura al Slow Food. Si queremos hallar algún ejemplar, debemos buscar en las tierras que se encuentran entre la cuenca del Río Grande y del Fahala, afluentes del Guadalhorce. Otra variedad local, de cultivo muy limitado, es la naranja calabacilla, ideal para zumos.

Resulta llamativo también la fuerte apuesta de los agricultores y las cooperativas malagueñas por impulsar lo ecológico, principalmente en cuanto a naranja y limones. “En los últimos siete años, se está haciendo un gran trabajo en este nicho”, destaca Gallego. Y las cifras están ahí. La provincia de Málaga encabeza en solitario la superficie dedicada a esta producción con algo más de 1.100 hectáreas. Los principales consumidores son de Alemania, Francia o Reino Unido, “mucho más concienciados con la alimentación saludable y a los que no les importa pagar más por la fruta ecológica”.

Artículo anterior¿Piensas en una empresa saludable? Hazla creativa
Artículo siguienteSección Trops: mango keitt, dulce campeón de invierno
Juan Alberto Gómez
Redactor todoterreno con más de 15 años de experiencia, en el mundo de la gastronomía, el turismo y la economía. Explorador incansable de los sabores, las cocinas del mundo y los nuevos hallazgos culinarios. Siente pasión por todo lo que rodea al mundo del vino y la enología. También de los productos de temporada y kilómetro 0, lo que viene en denominarse ‘slow food’. Hace suyas unas palabras de Cicerón: “el placer de los banquetes debe medirse no por la abundancia de los manjares, sino por la reunión de los amigos y por su conversación”.