Salsas asiáticas: un toque exótico en el plato

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La gastronomía del lejano Oriente ha ido abriéndose un importante hueco en la oferta de restauración de nuestra provincia, un conjunto de sabores exóticos que no faltan en las cartas y cuyos ingredientes además podemos adquirir en hipermercados. Sin duda, uno de los secretos de su éxito entre el público occidental son sus salsas, que combinadas con distintos platos aportan unos resultados espectaculares que nuestro paladar agradecerá. Unos condimentos que, si nos animamos, podemos preparar en nuestros hogares.

La salsa estrella y más conocida entre el público es la de soja. Ya sea para carnes o pescados, en ensaladas y sopas o para mojar las piezas de sushi, es una de las más recurrentes en nuestras cocinas, que consta de cuatro ingredientes: soja, harina, sal y agua.

El secreto de la salsa de soja es su tiempo de fermentación que puede durar desde semanas hasta un año. Para ello necesitamos los gramos de soja, que tenemos que cocer hasta dejarlos blandos para después triturarlos, añadiéndole después harina y cubriendo después dicha masa con toallas durante diez días. Después se introduce la pasta en salmuera y se expone al sol durante el día y durante la noche se tapa para que no pierda mucho calor; un proceso que debes repetir varios meses. Una vez pasado este período puedes filtrarlo y consumirlo.

Con esta salsa de soja también se puede elaborar otras muy recurrentes en la cocina oriental, como por ejemplo la teriyaki, ideal para adobo de carnes y pescados. Esta se puede preparar añadiéndole vinagre de arroz, ajo, jengibre molido, azúcar moreno, agua y aceite de sésamo, los cuales se incluyen en un recipiente y se trituran hasta conseguir una salsa fina y brillante.

Otra de las indispensables, que seguramente habrás probado en ensaladas, arroces o con los clásicos rollitos de primavera es la agridulce, que tiene también como base la de soja y a la que se le añade una cucharada de ketchup y salsa de tomate, vinagre de arroz, azúcar blanco, agua y sal. Todos estos ingredientes se depositan en una cacerola donde se pueda hervir la mezcla y remover de vez en cuando. También tenemos el kimchi, que nos llega de Corea, que se trata de un fermentado elaborado con col y otras verduras, acompañado de ajo y jengibre, que se deja macerar durante varios meses y del que incluso podemos prepararlo como una exquisita salsa picante para pescados y carnes.

Tampoco pueden faltar en nuestras recetas y pinitos culinarios la salsa de ostras, ideal para acompañar un wok de verduras y para determinadas carnes como la ternera, utilizando el jugo de las ostras mezclado con salsa de soja o teriyaki, para después espolvorear una cucharada de azúcar y posteriormente batirla. Igualmente te sorprenderá el nam pla o salsa de pescado fermentado, que viene de Tailandia y es popular también en Vietnam, Filipinas o Camboya, una especie de ‘garum’ que se prepara troceando el pescado y cubriéndolo de sal, añadiendo posteriormente agua y dejándolo fermentar en un recipiente, que se deberá abrir dos veces a la semana para mezclar y que respire. Se deja fermentar el tiempo que consideres necesario que puede ir desde cuatro semanas hasta un año.