Los hongos: la historia de unos organismos indispensables para nuestra vida

Lejos de ser un fenómeno marginal, los hongos psicodélicos atraviesan la historia humana como un hilo subterráneo. El escritor Naief Yehya propone en «El planeta de los hongos», un libro editado por Anagrama, una lectura cultural en la que estos organismos aparecen vinculados a ceremonias religiosas, prácticas chamánicas, procesos terapéuticos y experiencias visionarias que han marcado imaginarios colectivos. No se trata de defender teorías cerradas sobre el origen de la conciencia, sino de mostrar que la relación entre humanidad y psicodelia ha sido constante, aunque a menudo silenciada.

El ensayo avanza con un pulso narrativo que combina divulgación y análisis. Uno de sus ejes centrales es el tránsito de los hongos desde el ámbito ritual al científico. La entrada de estas sustancias en la psiquiatría y la investigación médica del siglo XX abrió una promesa de conocimiento que pronto chocó con los miedos sociales y políticos. «Los hongos psicodélicos han estado relacionados con el desarrrollo cultural de gran parte de los pueblos del planeta. Sin embargo, la Europa cristiana parece haber desaprendido este legado, de manera que cuando los exploradores y conquistadores llegaron a América y descubrieron que se usaban enteógenos en diversos rituales se sorprendieron y escandalizaron», apunta el escrito.

El libro dedica especial atención al papel de la psicodelia en la contracultura, pero huye de la mitificación. Los años sesenta aparecen como un momento de explosión creativa y también de ingenuidad, donde la promesa de transformación colectiva se enfrentó a estructuras de poder mucho más sólidas. Yehya analiza ese choque sin nostalgia, subrayando cómo el sistema aprendió a absorber lo que antes rechazaba.

«Los primeros registros vivenciales modernos de experiencias con psicotrópicos potentes aparecen en la última década del siglo XIX.La revolución psicodélica que se vivió en los años 60 del pasado siglo significó una explosión creativa en todos los dominios culturales, como quedó de manifiesto en la música, las artes plásticas, el cine, la moda y la literatura», continúa Yehya.

Más allá del consumo, Yehya introduce una reflexión de mayor calado: la fascinación actual por los hongos coincide con una crisis profunda de los modelos humanos de organización. Las redes de micelio, invisibles pero interconectadas, funcionan como metáfora de otras formas de inteligencia y convivencia con lo no humano. En ese sentido, El planeta de los hongos dialoga también con debates ecológicos, tecnológicos y filosóficos del siglo XXI.

El resultado es un libro que se lee como una crónica cultural del deseo humano de alterar la conciencia para comprender —o soportar— la realidad. Sin moralizar ni entusiasmarse en exceso, Yehya ofrece una cartografía lúcida de un fenómeno que vuelve a crecer, silencioso, bajo nuestros pies. Porque, como sugiere el ensayo, quizá el verdadero tema no sea el hongo, sino la necesidad constante de mirar el mundo desde otro lugar.

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