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    Agro Magazine 123

    El otoño no llega de golpe. Se anuncia poco a poco en los mercados, en los campos y en las cocinas. Cambia la luz, bajan las temperaturas y también cambia la despensa. El color del verano comienza a dejar paso a los ocres, los naranjas, los verdes profundos y los tonos de tierra.

    Este número de Agro Magazine nace precisamente en ese momento de transición, cuando septiembre todavía conserva algo del verano, pero el otoño empieza ya a hacerse visible. Y lo hace a través de productos y paisajes que hablan de una manera diferente de entender la alimentación: más pausada, más ligada al territorio y a los ciclos de la naturaleza.

    El membrillo es uno de sus primeros protagonistas. Su temporada comienza a finales de septiembre y nos devuelve a una cocina en la que el tiempo también era un ingrediente.

    También miramos hacia abajo, hacia esa parte de la huerta que permanece oculta. Zanahorias, remolachas, nabos, chirivías o apionabos nos recuerdan que no toda la cosecha crece a la vista. Son verduras humildes, resistentes y llenas de posibilidades que recuperan protagonismo cuando llegan los meses fríos.

    Y después están las semillas. Pequeñas, casi insignificantes cuando las vemos por separado, pero capaces de transformar una receta. Sésamo, calabaza, girasol, lino o amapola aportan crujiente, aroma y personalidad a ensaladas, panes, cremas, verduras, desayunos y postres. Una pequeña muestra de que la cocina también puede encontrarse en los detalles.

    Pero este número no solo quiere hablar de lo que comemos. También quiere mirar hacia los lugares donde esos alimentos adquieren sentido. Por eso viajamos a la Alpujarra granadina, a sus pueblos blancos, sus montañas, sus huertas, sus calles y una gastronomía profundamente vinculada al paisaje. Allí la cocina no es únicamente una cuestión de recetas: es también memoria, territorio y forma de vida.

    Quizá esa sea la idea que recorre estas páginas. La alimentación no empieza en el plato. Empieza mucho antes: en la tierra, en las estaciones, en quienes cultivan y en los paisajes que hacen posible cada cosecha.

    Septiembre es un buen momento para recordarlo. Mientras una estación se despide y otra comienza, los mercados vuelven a llenarse de productos que cuentan historias. El membrillo anuncia el otoño, las raíces esperan bajo la tierra, las semillas guardan futuros posibles y los pueblos de la montaña conservan una manera de vivir al ritmo del territorio.

    Feliz otoño y feliz lectura.

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