Hay escritores que dejan sus libros. Tolkien dejó también sus cartas. Y quizá en ellas encontremos algo que las grandes novelas no siempre pueden ofrecer: la voz del hombre cuando no está construyendo una historia para sus lectores, sino intentando explicar el mundo, responder a un amigo, escribir a un editor o hablar con sus hijos.
La nueva edición de «Las Cartas de J.R.R. Tolkien», publicada por Minotauro, recupera una versión revisada y ampliada de un libro que nació de la selección realizada por Humphrey Carpenter con la colaboración de Christopher Tolkien. La edición española alcanza las 864 páginas y reúne 508 cartas, frente a las 354 de la edición original. La diferencia no es solamente cuantitativa. Entre el nuevo material aparecen cartas que habían quedado fuera de la primera edición por razones de extensión. Se recuperan así más de 150 misivas y se amplían otras 45, devolviendo al volumen parte del contenido que Carpenter había preparado originalmente.
La Tierra Media desde el escritorio
Para quien haya leído «El Hobbit», «El Señor de los Anillos» o «El Silmarillion», estas páginas tienen un atractivo especial. Tolkien habla de sus criaturas, de sus lenguas, de sus historias y de las decisiones que dieron forma a ese universo imaginario. Pero las cartas no son únicamente un almacén de respuestas para lectores curiosos. Contienen, entre otras cosas, su propio resumen del argumento completo de «El Señor de los Anillos» y reflexiones sobre cómo imaginaba la publicación de su historia de las Tres Edades.
Es ahí donde el libro adquiere una dimensión extraordinaria: permite observar la obra desde el taller del escritor.
El hombre detrás del mito
Sin embargo, quizá lo más valioso esté fuera de la Tierra Media. Las cartas muestran a Tolkien como profesor, filólogo, marido, padre, amigo, católico y hombre de carácter fuerte; alguien preocupado por la literatura, la lengua, la fe, la guerra, la educación y también por las cuestiones más cotidianas.
La Sociedad Tolkien Española ha señalado precisamente ese carácter de biografía epistolar: una vida que aparece no narrada desde fuera, sino contada por el propio protagonista a través de los años. Y eso modifica nuestra mirada sobre él. Tolkien deja de ser únicamente el anciano profesor de Oxford que inventó hobbits, elfos y lenguas imposibles. Aparece como un hombre que escribe, duda, se entusiasma, se irrita, recuerda, explica y piensa.
Una vida escrita a mano
Las cartas tienen además algo que hoy resulta casi extraño: obligan a imaginar el tiempo de la escritura. Una mesa, una pluma, una hoja y una respuesta que no podía llegar inmediatamente. En ese intervalo había espacio para pensar.
Quizá por eso este libro resulte tan actual. En una época de mensajes instantáneos, las cartas de Tolkien recuerdan que escribir también puede ser una manera de detenerse ante el mundo.
No estamos, por tanto, ante un simple complemento para los admiradores de la Tierra Media. «Las Cartas de J.R.R. Tolkien» es el retrato de un escritor que entendió la imaginación no como una evasión de la realidad, sino como una forma de profundizar en ella.
Después de leer sus novelas conocemos la Tierra Media. Después de leer sus cartas empezamos a conocer a Tolkien.



























