Eboka: la gastrofelicidad

eboka-6

“Estoy aquí para hacerte feliz”. ¿Qué se puede pensar al leer esa afirmación en la pared de un restaurante? Sin duda, las expectativas que se generan son altas, esperas algo diferente, por lo menos salir de allí con una sonrisa y compartir después lo que has sentido. Sí, sentido. Porque comer no es sólo alimentarse, comer es mucho más… Es un momento de felicidad. Sobre este principio se asientan el concepto de Eboka y la visión de Antonio Fernández, propietario y jefe de sala de este lugar que nos empeñamos en llamar restaurante, pero que él prefiere llamar casa de comidas y vinos. Antonio lleva 20 años en el sector de la hostelería, más de media vida dedicado a lo que le apasiona: dar felicidad a la gente. Es la quinta generación de una saga de hosteleros de raza, de esos a los que no les asustan las horas de trabajo y el sacrificio para poner alegría en el paladar. Primero recorrió algunas de las salas más importantes de España, después abrió Dom Vinos, un lugar muy singular donde estuvo ocho años, y ahora ve materializado uno de sus sueños: Eboka, donde en el mismo nombre queda escrito en secreto lo que nos espera. La B, lo que beberemos… La K, el punto de rebeldía que tiene la oferta gastronómica de esta casa, “basada en la cocina de herencia, esa que hacían nuestras abuelas y nuestras madres y que ahora elaboran los hijos buscando el sabor de antes con las técnicas de hoy”, me cuenta. Acto seguido, doy fe de ello. Antonio se da en cuerpo y alma en el servicio. Porque Antonio es un dador de felicidad. Tiene la sala llena, pero estira el tiempo y las ganas para atender a cada uno de sus clientes, que se regodean en cada plato y se dejan mimar por sus atenciones. Él y su joven equipo se sincronizan a la perfección. Cocina y sala, todos son uno en armonía.

eboka-3
¡No dejes de probar este arroz en Eboka!

La propuesta para el almuerzo no puede ser más tentadora, menú con maridaje. Y es ahí donde vemos a Antonio en toda su esencia, disfrutando con cada pase que trae a la mesa, descorchando vino tras vino y explicando lo que sucede desde el origen hasta la copa. La escenografía de los platos hace una clara referencia al nombre, y comienza la EBOKACiÓN. Empezamos con un lomo ibérico Joselito y manteca colorá hecha de su propia grasa. Seguimos con ajoblanco con helado de Málaga, “hemos querido meter a Málaga hasta en la sopa”, me dice. Tercer pase, tartar de salchichón de Málaga, sin yema, porque este lleva en su lugar crema de miel al Pedro Ximénez. Vino después el esturión ahumado con aceite de oliva virgen extra arbequino con humo de roble y sal de caviar, que dio paso a la porrilla, un plato de la Sierra Norte de Málaga hecho a mortero que aquí se come con un salteado de verdura, costrón de pan, huevo y setas. Seguimos con plato de cuchara del día: alubias pardinas. La versión de la ensaladilla malagueña también estuvo en la mesa representada por un bacalao confitado sobre un puré de patata con aove y naranja. El almuerzo iba llegando a su fin, pero antes probamos la presa ibérica confitada en su jugo con crema de batata, ciruela y tomillo. Para terminar, tabla de quesos (cabra payoya, leche de oveja cruda, torta del casar, gelatina de malvasía, frutos secos y pasas) y una original versión del arroz con leche elaborada por María, la mujer de Antonio, una repostera sobresaliente. El maridaje también a la altura: Cerveza Eboka edición verano, Victoria número 2, Lunares blanco, La Encina del Inglés y Zumbral… Pura “vinosofía”, pero sólo una pequeña representación de lo que encontraremos en su carta de vinos, que alcanza 160 referencias, 40 de ellas malagueñas. Y en aceites de oliva virgen extra, cuatro grandes, de distintas variedades y procedencias.

eboka-2
Uno de los numerosos platos que puedes disfrutar en Eboka.

En nuestro encuentro descubrimos un concepto innovador que se ha convertido en símbolo de distinción de la casa: las “meriendas ebokadoras”. Sí, porque no siempre hay que tomar café o té para merendar, también se puede tomar vino y repostería creativa. Que buen telón de fondo para cerrar un negocio o hablar con una amiga, ¿verdad? Y esto es sólo una parte de lo que Antonio tiene para ofrecer. El hombre que conoce a sus clientes por nombre y apellido, el que saluda la primera vez y da un abrazo en la segunda visita, quiere crear nuevos conceptos para disfrutar del vino. Ya ha puesto en marcha los menús con maridaje y las rutas gastronómicas… ¡Qué será lo siguiente! Estoy segura de que llevará la felicidad como insignia.

Publicidad