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La granada vuelve a las mesas

Hay frutas que anuncian una estación. La granada es una de ellas. Cuando sus primeros frutos comienzan a aparecer en mercados y fruterías, septiembre adquiere otro color: el de una piel rojiza y áspera que guarda en su interior cientos de pequeños granos brillantes, jugosos y ligeramente ácidos.

Durante siglos, la granada ha estado rodeada de símbolos, historias y referencias culturales. Hoy regresa a la cocina con una presencia mucho más sencilla: como ingrediente de ensaladas, postres, salsas, carnes o simplemente como fruta para comer a cucharadas.

Una fruta con historia

El granado procede de una amplia región que comprende zonas de Asia occidental y Oriente Próximo, aunque su cultivo se extendió posteriormente por el Mediterráneo. Griegos, romanos y diferentes culturas de Oriente incorporaron la granada a su alimentación y también a sus relatos, mitologías y representaciones artísticas.

Su presencia en el Mediterráneo terminó convirtiéndola en una fruta profundamente vinculada a nuestra cultura agrícola. En España, algunas zonas de Andalucía, Murcia y la Comunidad Valenciana cuentan con una importante tradición de cultivo.

No es casual que la granada haya sido considerada durante siglos un símbolo de abundancia. Al abrirla, la fruta revela una multitud de pequeños granos encerrados en una misma cáscara. Una especie de arquitectura natural que también explica parte de su atractivo gastronómico.

El pequeño estallido rojo

Comer una granada requiere algo más de paciencia que comer una manzana o una pera. Hay que abrirla, separar cuidadosamente los granos de las membranas interiores y evitar que el jugo manche demasiado.

Pero ese pequeño ritual tiene recompensa. Los granos, conocidos como arilos, ofrecen una combinación muy característica de dulzor, acidez y textura crujiente. Además, aportan agua, fibra y compuestos antioxidantes, entre ellos polifenoles.

La intensidad del sabor puede variar considerablemente según la variedad y el grado de maduración. Una granada madura debe presentar una piel firme, sin zonas excesivamente blandas, y resultar pesada para su tamaño, señal de que conserva una buena cantidad de jugo.

De la ensalada al plato principal

Una de las virtudes de la granada es su capacidad para entrar en recetas muy diferentes. En una ensalada aporta acidez, color y pequeños estallidos de sabor. Combina especialmente bien con hojas verdes, frutos secos, queso fresco o curado y vinagretas suaves.

También funciona con legumbres, cereales y verduras asadas. Un plato de calabaza o berenjena puede ganar frescura con unos cuantos granos de granada añadidos justo antes de servir.

En la cocina de Oriente Próximo aparece además en preparaciones donde su sabor ácido tiene un papel protagonista. Su jugo puede utilizarse para elaborar salsas y aderezos, mientras que algunos productos derivados, como la melaza de granada, concentran su carácter agridulce y permiten incorporarlo a carnes, verduras o marinados.

Y está, por supuesto, el territorio dulce. La granada puede acompañar yogur, helados, tartas, macedonias y otros postres, aunque quizá una de las formas más interesantes de disfrutarla sea precisamente la más sencilla: sus granos sobre un buen yogur natural, con unos frutos secos y un poco de miel.

Septiembre sabe a granada

Su llegada coincide con uno de los momentos más interesantes del calendario agrícola. El verano todavía permanece en los mercados, pero empiezan a aparecer productos que anuncian el otoño: uvas, higos, granadas, peras, frutos secos y nuevas verduras.

La granada ocupa ese territorio intermedio. Tiene la frescura de una fruta y, al mismo tiempo, una personalidad más profunda, casi otoñal. Su color, su textura y su sabor la convierten en uno de esos alimentos capaces de transformar un plato sencillo sin necesidad de grandes elaboraciones.

Quizá por eso sigue teniendo algo especial. Hay que abrirla para descubrirla. Y cuando se hace, aparece en su interior una pequeña multitud de semillas rojas que parece guardar, intacto, el comienzo de una nueva temporada.

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