Múnich es una ciudad que sabe combinar su pasado con una vida contemporánea y dinámica. Capital de Baviera, al sur de Alemania, conserva una fuerte identidad propia, visible en sus edificios históricos, sus grandes plazas, sus jardines y, por supuesto, en una gastronomía que ha convertido la tradición bávara en uno de sus principales atractivos.
El corazón de la ciudad
El centro histórico de Múnich gira alrededor de Marienplatz, la gran plaza de la ciudad y uno de los primeros lugares que conviene visitar. Allí se encuentran el Neues Rathaus, con su espectacular fachada neogótica, y el antiguo ayuntamiento. El famoso carrillón del nuevo ayuntamiento, el Glockenspiel, es uno de los símbolos de la ciudad.
Desde Marienplatz se puede caminar por las calles del casco antiguo hasta Viktualienmarkt, un gran mercado al aire libre donde se reúnen puestos de frutas, verduras, quesos, embutidos, panes, flores y productos gastronómicos. Es uno de los mejores lugares para acercarse a la cultura culinaria local.
Palacios y grandes jardines
Múnich también posee una importante arquitectura palaciega. El Palacio de Nymphenburg, antigua residencia de verano de los gobernantes bávaros, destaca por sus grandes dimensiones y sus jardines. El conjunto permite descubrir una imagen más monumental y cortesana de la ciudad.
Otro de los espacios fundamentales es el Englischer Garten, uno de los parques urbanos más grandes de Europa. Sus caminos, praderas, árboles y pequeños cursos de agua lo convierten en un lugar perfecto para pasear. Una de sus imágenes más curiosas es la de los surfistas que aprovechan la corriente del Eisbach para practicar este deporte en pleno centro urbano.
Arte y cultura
Múnich tiene también una extraordinaria tradición artística. La Alte Pinakothek, la Neue Pinakothek y la Pinakothek der Moderne forman uno de los grandes conjuntos museísticos de Alemania, con colecciones que abarcan diferentes épocas y disciplinas.
Para quienes prefieren la historia, el Deutsches Museum ofrece un recorrido por la ciencia y la tecnología. La ciudad cuenta además con numerosas iglesias y edificios históricos que permiten descubrir la evolución de Múnich desde sus orígenes medievales hasta la metrópoli actual.
Una cocina con identidad
La gastronomía bávara es contundente, sencilla y profundamente ligada a la tradición. Entre sus platos más conocidos están las Weisswurst, salchichas blancas tradicionalmente acompañadas de mostaza dulce y pretzels; el Schweinshaxe, codillo de cerdo asado; y los Bratwurst, diferentes variedades de salchichas.
El pretzel, o Brezn, ocupa también un lugar fundamental. Grande, salado y de textura crujiente por fuera y tierna por dentro, suele acompañar tanto a las comidas como a la cerveza.
Y es imposible hablar de Múnich sin mencionar sus cervecerías. La cerveza forma parte de la cultura local y algunas de las grandes cervecerías históricas de la ciudad se han convertido en auténticos lugares de peregrinación gastronómica.
Una ciudad para caminar
Una de las mejores maneras de conocer Múnich es recorrerla a pie. El centro concentra buena parte de sus principales monumentos y permite pasar en pocos minutos de una plaza histórica a un mercado, de una iglesia a una cervecería o de una calle comercial a un parque.
Pero quizá esa sea precisamente una de las grandes virtudes de Múnich: no necesita elegir entre tradición y modernidad. En sus calles conviven los trajes tradicionales bávaros con la arquitectura contemporánea, los mercados históricos con los museos de vanguardia y las antiguas cervecerías con una intensa vida cultural.
Múnich es, en definitiva, una puerta de entrada a Baviera, una ciudad donde la historia, el arte, la gastronomía y la naturaleza se encuentran a una escala humana y convierten cada paseo en una forma diferente de descubrir Alemania.



























