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Del tallo al plato

En una cocina acostumbrada a separar rápidamente lo que sirve de lo que se desecha, hay una pregunta que empieza a ganar fuerza: ¿y si aquello que siempre hemos considerado un residuo también pudiera convertirse en un ingrediente?

Los tallos de las verduras ofrecen una respuesta. Los de brócoli, acelga, coliflor, hinojo o algunas hierbas aromáticas pueden terminar en el cubo de la basura, aunque muchos conservan sabor, textura y propiedades. Recuperarlos supone mirar las hortalizas de otra manera y acercarse a una cocina que aprovecha mejor el producto.

No se trata de una moda nueva. Buena parte de las cocinas tradicionales nació precisamente de la necesidad de sacar partido a todo lo que proporcionaba el huerto.

El tallo del brócoli

El brócoli es uno de los ejemplos más claros. Sus pequeñas flores suelen convertirse en protagonistas mientras que el tallo queda relegado.

Sin embargo, una vez retirada la parte exterior más dura, el interior es tierno y puede cocinarse de muchas maneras. Cortado en láminas finas puede saltearse con ajo y aceite de oliva, incorporarse a una tortilla o añadirse a un wok de verduras.

También puede formar parte de una crema junto con las flores o convertirse en pequeños bastones para acompañar un hummus.

Las pencas de la acelga

Las pencas blancas de la acelga han formado parte de numerosas recetas tradicionales. Su textura carnosa permite prepararlas de maneras muy diferentes.

Se pueden cocer y gratinar con bechamel y queso, rebozar y freír, incorporar a guisos o simplemente saltear con aceite de oliva y ajo.

En este caso, la llamada “parte secundaria” de la verdura tiene suficiente personalidad para protagonizar un plato por sí misma.

Coliflor de arriba abajo

Con la coliflor ocurre algo parecido. Las hojas verdes que rodean la cabeza suelen retirarse antes de cocinarla, pero las hojas más tiernas pueden utilizarse.

Salteadas, asadas o incorporadas a un caldo ofrecen un sabor vegetal intenso. Las hojas exteriores, si son demasiado fibrosas, pueden reservarse para fondos y caldos.

Incluso el tallo central, convenientemente pelado, puede cortarse en dados y cocinarse junto con los ramilletes.

El hinojo y sus partes aromáticas

El hinojo demuestra que el aprovechamiento puede ser también una cuestión de aroma. Sus tallos tienen un marcado carácter anisado y pueden utilizarse para perfumar caldos, pescados o verduras.

Las hojas verdes, delicadas y aromáticas, funcionan como una hierba fresca. Picadas sobre una ensalada, un pescado al horno o unas verduras asadas aportan un matiz diferente.

Aquí no se trata solamente de evitar desperdicio: se incorpora al plato una parte de la planta que puede aportar sabor propio.

Del tallo al caldo

Una de las formas más sencillas de aprovechar diferentes partes de las verduras es preparar un caldo vegetal.

Tallos de brócoli, hojas de coliflor, partes verdes del puerro, recortes de zanahoria, ramas de apio y otras partes limpias pueden reunirse en una olla con agua, cebolla y algunas hierbas.

Después de una cocción lenta se obtiene un fondo que puede utilizarse para sopas, arroces, salsas o guisos.

La clave está, naturalmente, en utilizar partes frescas y bien lavadas, descartando aquellas que estén deterioradas.

Una nueva mirada al producto

El aprovechamiento de los tallos forma parte de una tendencia gastronómica más amplia: cocinar intentando desperdiciar menos.

Los restaurantes han encontrado en esta filosofía una fuente de creatividad. Las cocinas domésticas también pueden hacerlo sin necesidad de complicarse. Una parte que antes acababa en la basura puede convertirse en un caldo, un salteado, una crema, una guarnición o incluso el ingrediente principal de una receta.

Y existe además una cuestión agrícola detrás. Cada hortaliza que llega a nuestra mesa necesita tierra, agua, energía, trabajo y transporte. Aprovechar una mayor parte del alimento significa también reconocer todo ese esfuerzo.

La segunda vida de las verduras

Quizá el verdadero cambio consiste en dejar de hablar de “sobras” y empezar a hablar de ingredientes.

El tallo del brócoli no es simplemente aquello que queda después de separar los ramilletes. Las pencas de acelga no son un residuo. Las hojas de coliflor no tienen por qué desaparecer. Cada parte tiene unas características determinadas y puede encontrar su lugar en la cocina.

La próxima vez que preparemos verduras, quizá merezca la pena detenerse antes de coger el cubo de basura.

Porque en el huerto no hay partes importantes y partes secundarias: hay alimentos diferentes esperando una segunda oportunidad.

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